Conviene distinguir la diferencia entre tristeza y pena. Están vinculadas, pero son dos fenómenos que se dan con independencia.
La pena
Surge como reacción ante un hecho doloroso, que normalmente implica una pérdida, por ejemplo, la muerte de una mascota, de un ser querido, la pelea con un buen amigo, el fracaso escolar...; surge en un momento crítico, pero desaparece.
La tristeza
Constituye un estado permanente que impregna todas las actividades del pequeño. Esa continuidad hace de ella un sentimiento, es decir, un estado constante.
El niño triste es un ser patológico, que necesita ayuda exterior. La pena crónica y sin posibilidades de comunicarla, llega a transformarse en tristeza.
La falta de afecto, las agresiones físicas, la carencia de comunicación y de cuidados, el abandono, la soledad prolongada, etc., desembocan en la tristeza.
Soluciónala
La tristeza precisa la ayuda de un especialista. Resulta imprescindible modificar la dinámica familiar, fomentar la comunicación abierta y la expresión del cariño. El pequeño que crece en un clima frío y tenso nunca consigue la madurez imprescindible para lograr el equilibrio psicológico.






