Las actitudes extremas que pueden adoptar los abuelos son la autoridad, por un lado, o el desinterés total, por otro. Una situación intermedia propicia la buena relación entre abuelos y nietos.
Una compañía importante
El abuelo o la abuela suponen para el niño una amistad importante. Por lo general, éstos disponen de más tiempo para él que los padres, y el contacto resulta relajado y sereno. Además, la relación, casi siempre esporádica, provoca una mayor entrega al pequeño por parte de los abuelos, y las tensiones se reducen, Por otro lado el juego activo con los pequeños desaparece, y se suple por el trato verbal y afectivo: paseos, diálogos, relatos... Con ello el niño desarrolla capacidades intelectuales y sociales de un modo diferente a como se produce con los padres. Los abuelos le ponen en contacto con una realidad más lejana: el pasado. Ello le obliga a retroceder mentalmente hacia atrás e imaginar un mundo diferente al suyo. Poco a poco sale de su egocentrismo y adquiere una amplitud y una flexibilidad psíquica e intelectual imprescindible para el aprendizaje.
El caso de la abuela
La abuela suele adoptar una actitud maternal de tres tipos:
Una continuación de su propia maternidad. El peligro radica en que desee que sus nietos realicen lo que no hicieron sus hijos.
El entremetimiento exagerado en la educación del nieto.
La abuela típica, que asume su vejez y su función de abuela. Resulta benevolente y cariñosa; sabe querer a sus nietos. Con frecuencia los mima demasiado, lo que representa un riesgo para los esfuerzos educativos de la madre

No hay comentarios:
Publicar un comentario